sábado, 5 de marzo de 2016

Asambleas, coordinadoras y piquetes para preparar el Argentinazo contra Macri


Luego de la firma del acuerdo entre los negociadores de Macri y los agentes de los “fondos buitres” más exigentes, el juez yanqui Griesa fijó la fecha del 14 de abril como límite para que el estado argentino les pague la deuda a estos piratas del siglo XXI.

Los buitres se embolsarán entre diez y quince veces más que lo que invirtieron originalmente. Para garantizar semejante estafa, el gobierno debió tomar un préstamo de 11.000 millones de dólares a través de un grupo liderado por la tristemente célebre banca Morgan.

Como todo préstamo imperialista, este tampoco es gratuito. Para pagarlo el ministerio de economía emitirá una serie de bonos por un valor de 15.000 millones, una friolera de dólares que solo fue superada por México en 1996, cuando emitió bonos por 16.000 millones de la misma moneda.

Según confirmó el periódico Financial Times, el interés que pagará la Argentina por el mismo rondará el 8%, una cifra tremenda si se la compara con los intereses que hasta hace muy poco venían abonando otros países en el mercado internacional del dinero.

Sin contar con el “viento de cola” que tuvieron Néstor y Cristina -gracias al aumento de los precios internacionales de las materias primas por el ascenso de la economía China-Macri deberá pagar la deuda con la receta más tradicional: el ajuste contra la clase obrera.

Para eso se jugarán a profundizar las políticas que ya venía aplicando Cristina durante el final de su mandato, como la rebaja salarial por la vía del impuesto inflacionario y las paritarias a la baja, los despidos masivos y la flexibilización laboral.

Sin embargo, a diferencia de 2001 que encontró a la clase trabajadora desarticulada, la situación del movimiento obrero es distinta, porque viene de protagonizar grandes luchas triunfantes, en las que ha mostrado su disposición a “no volver a los 90”.

Esta realidad se expresó con los paros nacionales de las centrales sindicales, los combativos piquetes de la izquierda en el marco de esas jornadas, las emblemáticas huelgas de aceiteros, la 60 y Cresta Roja o las primeras respuestas de los estatales a los despidos.

La marcha realizada por decenas de miles de laburantes a la Plaza de Mayo el pasado 24 de febrero fue una demostración de que existen condiciones excepcionales para derrotar el ajuste de Macri.

En este contexto favorable para la resistencia, la tarea de los luchadores pasar por impulsar asambleas de base que les exijan e impongan a las conducciones sindicales medidas de lucha parciales en sus respectivos gremios y el paro nacional o plan de lucha.

Esta orientación práctica e inmediata debe combinarse -tanto en el discurso como en los hechos- con la construcción paciente y sistemática de la Huelga General que hará falta para acabar con el plan de ajuste y el gobierno que lo aplica.

Para que este nuevo Argentinazo resulte favorable a los de abajo deberá apoyarse en las herramientas más democráticas que han sabido poner en pie  los trabajadores a lo largo de su riquísima historia: las asambleas populares y las coordinadoras de base.

Si el movimiento obrero es capaz de construir estos organismos no solo podrá derrotar a Macri, sino que contará con instituciones novedosas desde las cuales tendrá la oportunidad de discutir, resolver e imponer una salida propia a la crisis capitalista.



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