lunes, 2 de noviembre de 2015

Voto en blanco contra Scioli y Macri, dos agentes del saqueo

La división internacional del trabajo impuesta por el imperialismo, ubicó a la Argentina en el papel de productora de materia prima, negándole la posibilidad de una gran industrialización.

Esta situación, que comenzó durante la colonización española, continúa en la actualidad a pesar del “relato” nacional y popular de Cristina, que profundizó la Recolonización Imperialista iniciada por Menem.

El caudillo riojana hizo todo lo posible para poner al país en sintonía con la ofensiva “neoliberal” para hacerles pagar la gran crisis económica de los años 80 a los trabajadores y el pueblo.

Las enormes luchas de principios de 2000 obligaron a los dueños del mundo a cambiar a los virreyes neoliberales, como Menem, por otros “nacionales y populares”, ya que las masas echaron a patadas a los primeros.

Así aparecieron los “Socialistas del siglo XXI” y otros engendros parecidos en todo el continente, como Néstor y Cristina, que no solo mantuvieron el “modelo” de primarización de la economía, sino que lo intensificaron.

Para eso aprovecharon el “viento de cola” de China, que gracias al aplastamiento de sus trabajadores en la masacre de Tianamen, se había convertido en una gran fábrica de productos baratos en base al trabajo esclavo de cientos de millones.

La venta a precios altísimos de la soja y otros productos sin valor agregado les permitió otorgar algunas concesiones y adormecer la combatividad de las masas durante algunos años.

Sin embargo, durante todo ese período de “tranquilidad social” y “vacas gordas” el matrimonio presidencial no hizo nada para industrializar el país, sino que dedicó todo su tiempo a consolidar la primarización productiva, acrecentando el endeudamiento y la extranjerización de la economía.

Los Kirchner pasarán a la historia por ser quienes más descaradamente entregaron los recursos a los grandes monopolios -megaminería, petróleo, pooles sojeros, etc.- y quienes más pagaron en concepto de deuda externa.

Este gobierno, que abonó cerca de 145 mil millones de dólares a los grandes bancos, dejó casi 300 mil millones de deuda y la mayoría de las empresas en manos extranjeras.

¡En 1990 existían 200 grandes compañías -56 foráneas- mientras que ahora llegan al 60%... en una economía en la cual apenas el 15% corresponde a productos industriales!

El fin del “mega ciclo” chino, la recesión mundial y la crisis de los principales mercados -China y Brasil- plantea dos caminos. El de Scioli y Macri, que no se plantean romper la vieja “matriz” productiva y el de los socialistas, que nos proponemos conquistar la verdadera independencia nacional.

Por eso, los dos candidatos del balotaje coinciden en la necesidad de “ajustar”, pagar la deuda y pedir nuevos préstamos. ¡Todos sus equipos económicos dicen al unísono que hay que “aprovechar la existencia de “crédito barato” para endeudar nuevamente al país!

¡Si así fuera, los intereses y el monto total de estos nuevos créditos -junto a los viejos- serán pagados con la súper explotación de millones de trabajadores y la desocupación de otros tantos!

Los socialistas proponemos un camino duro y difícil -es cierto- pero mucho más concreto y efectivo: dejar de pagarles las deudas a los usureros y usar esos fondos para poner en marcha un gigantesco plan de obras, que impulse la industrialización nacional y garantice la independencia del país de los grandes centros financieros internacionales.

Los revolucionarios nos proponemos acabar con el saqueo y utilizar los riquísimos recursos que tiene la Argentina para hacer funcionar las fábricas y construir a gran escala miles de escuelas, hospitales, trenes, vías férreas, y viviendas populares.

Todo esto se podrá hacer con el gobierno de los únicos interesados en que se cambie todo de una vez y para siempre: los trabajadores. Mientras tanto, la tarea de los de abajo debe pasar por debilitar a los de arriba para atarles las manos a la aplicación del ajuste.

La campaña por el voto en blanco, propuesta por la mayoría de la izquierda, apunta en esa dirección, ya que si el próximo gobierno asume con la menor cantidad de votos posibles, perderá legitimidad y poder para encarar sus políticas antiobreras y antipopulares.

De esa manera, los luchadores ayudaremos a construir un escenario favorable para las próximas luchas, que deben plantearse una gran tarea: ¡Derrotar a los continuadores del ajuste!


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