sábado, 28 de noviembre de 2015

La situación mundial, la caída de Cristina y el nuevo gobierno

Ömer Çelik, uno de los principales voceros del Partido de la Justicia y el Desarrollo turco -el AKP de Erdogan- acaba de declarar que su gobierno tiene la determinación de proveer todo tipo de apoyo a los turcomanos de Siria, “brindándoles la seguridad moral y material que necesitan para enfrentar a sus enemigos”.

Las milicias turcomanas actúan en entre Jarablus y Kobane, con el propósito de impedir que las guerrillas kurdas unifiquen los cantones de Rojava, cerrando cualquier posibilidad de comunicación terrestre entre las tropas del Estado Islámico y sus jefes del estado turco.

En ese lugar las baterías turcas tumbaron a un avión ruso por “violar espacio aéreo durante 17 segundos”. Uno de los pilotos fue rescatado por helicópteros rusos, mientras que el otro fue asesinado por los turcomanos, quienes le dispararon cuando caía en paracaídas.

El principal vocero de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró inmediatamente después de la caída del bombardero ruso que “estamos en solidaridad con Turquía y apoyamos la integridad territorial de nuestro aliado turco”.

¿Por qué hablar de integridad territorial cuando esta cuestión no ha sido mencionada por nadie en medio de las actuales tensiones ruso-turcas? ¿Qué tiene que ver esto con el avión ruso derribado? Aparentemente nada; sin embargo, en la realidad, tiene mucho que ver con los kurdos.

Los guerrilleros de esa nacionalidad -la más grande del mundo sin estado propio- han aprovechado la crisis de los estados nacionales de Medio Oriente y las divisiones en las alturas imperiales para ganar terreno en la región fronteriza entre Siria y Turquía, construyendo sus cantones autónomos.

Este nuevo régimen -el “Confederalismo Democrático”- está creando una dinámica que amenaza el dominio de Erdogan y su banda, ya que millones de kurdos se están transformando en el motor de la rebelión obrera y popular en el interior de Turquía, donde viven más de 20 millones. 

Un ejemplo de esto es lo que sucedió días atrás en la localidad de Silvan -estado de Diyarbakir- donde miles en las calles expulsaron de la ciudad al ejército de Erdogan, organizando en los hechos la primera gran rebelión popular del sudeste turco o Kurdistán Norte.

Más allá de la política reformista de sus conducciones, como el PKK y el HDP, luego de derrotar a ISIS en Kobane los kurdos se convirtieron en uno de los destacamentos de vanguardia del proceso revolucionario que cruza Siria, Irak, Turquía Palestina, Yemen y amenaza con explotar en Irán.

¿Tercera Guerra Mundial?

Todo esto sucede en el marco de lo que varios analistas han caracterizado como “Tercera Guerra Mundial”, ya que los combates entre las potencias -que se tercerizan a través de fuerzas “insurgentes” o “terroristas- han dado un salto de calidad con el derribo de aviones rusos y los atentados suicidas de París, Líbano y Ankara.

Para eso, Estados Unidos apoya a los kurdos y el Ejército “Libre” de Siria; Rusia sostiene a Bashar; Erdogan arma a los turcomanos, ISIS y Barzani; Israel hace lo propio con Al Qaeda; Irán combate desde el Líbano con Hezbolah; Francia, que apoya a ciertas fracciones del FSA, ahora está dispuesta a sostener a Bashar…

En el marco de la tremenda crisis y debilidad del imperialismo yanqui, todos se pelean disputando la hegemonía y el control de un territorio estratégico, no solo por el petróleo sino porque constituye la salida de varios de las principales tuberías de gas hacia Europa, que no tiene producción propia de este insumo vital.

Esta Tercera Guerra no está sucediendo a través de enfrentamientos directos entre los grandes países imperialistas, que están limitados debido a la falta de apoyo entre las masas, pero también porque se amenazan entre sí con las armas atómicas que pueden destruirlos mutuamente.

La existencia objetiva de esta contienda provoca fenómenos parecidos a los que tuvieron lugar en las viejas guerras, como las insurrecciones que condujeron al poder a los bolcheviques en Rusia durante octubre de 1917. La Revolución de Rojava no es más que la ratificación de esa perspectiva.

Los kurdos pueden seguir beneficiándose, ya que la lucha encarnizada entre todos sus enemigos les otorga márgenes de maniobra para continuar extendiendo su “autonomía”, para lo cual ahora podrían contar con el apoyo logístico de Rusia, que para devolverle el golpe a los turcos, estaría dispuesta a proveerles armas y recursos. 

Divisiones y realineamientos

La reunión entre Putin y Hollande para “colaborar” contra ISIS es un producto de esta situación, que divide, debilita y realinea fuerzas. La misma situación que provocó el aumento de las tensiones entre EE.UU., Francia y Bélgica debido a desacuerdos en relación a la política hacia los refugiados.

Obama coincide con Erdogan en la necesidad de sacarse de encima a miles de estos, empujándolos a emigrar hacia Europa; una táctica que también le sirve al presidente de Turquía como carta de negociación de su prometido ingreso como miembro efectivo de la Unión Europea.

Por la otra parte, Hollande y los belgas están haciendo lo imposible para evitar que ingresen nuevas camadas de inmigrantes de Siria e Irak. El atentado de París fue un acontecimiento funcional a esa política… de ahí la total “inoperancia” de los servicios secretos franceses.

Putin acuerda en un sentido con Francia, razón por la cual sostiene una postura un poco más “dura”. Es que los rusos temen que la influencia del Estado Islámico se extienda y fortalezca dentro de las regiones de la ex URSS pobladas por musulmanes, como Chechenia, una región de la cual provienen muchos combatientes de ISIS.

Los turcos tienen un problema parecido, pero de signo inverso, porque la revolución de Rojava se les metió adentro, empujando el ascenso obrero y las explosiones sociales en el sudeste del país, como la rebelión del pueblo de Silvan y otras ciudades en las que están apareciendo asambleas y milicias populares.

Crisis, polarización y radicalización

Los imperialistas se están peleando para quedarse con Siria e Irak, profundizando sus divisiones, una situación que agudiza la crisis económica, desestabiliza a cada uno de sus países y provoca la radicalización del movimiento obrero de todo el planeta.

Esta dinámica empuja el giro a la izquierda de amplios sectores, un proceso que se expresó -entre otros ejemplos- con la derrota del ala conservadora del Partido Laborista inglés, la vuelta al poder de la alianza entre comunistas y socialistas en Portugal luego de 40 años de gobiernos de la derecha y las nuevas huelgas generales en Grecia.

La intensificación de políticas represivas o la creación de bandas fascistas -como ISIS, las patrullas civiles yanquis que custodian la frontera con México, los nazis ucranianos o los parapoliciales mexicanos- son una respuesta, todavía defensiva, para enfrentar este proceso revolucionario.

Esta línea “dura” se combina con acuerdos contrarrevolucionarios entre las potencias, la Iglesia y los gobiernos nacionales, como el 5+1 de Obama e Irán, los pactos entre los yanquis, Castro y el Papa o las actuales conversaciones de Viena, que tienen el propósito de garantizar una salida “transicional” en Siria.

Estas políticas vienen fracasando debido a la situación revolucionaria inédita que vive el mundo, debido a la combinación entre la crisis económica más grande de la historia del capitalismo, la falta de un “mando único” imperialista, el ascenso de las luchas y las profundas divisiones entre los de los representantes de la burguesía.

Esta realidad, que facilita el crecimiento de los revolucionarios, ha pegado varios saltos luego de la caída del Lehman Brothers en 2008, con las huelgas generales en Europa, la derrota sionista en la Franja de Gaza y los triunfos kurdos de Kobane, Tal Abyad y Shengal.

La crisis llegó a la Argentina  

La debacle global provoca ondas expansivas que están golpeando a nuestro país, sumergiéndolo en una gran crisis económica, provocada por la caída de los precios internacionales de los comodities y el cierre de los mercados de China y Brasil.

Esta situación, que se combina con el gran endeudamiento, la desindustrialización del aparato productivo, la debilidad de los mecanismos de contención social -burocracia sindical, partidos políticos, etc.- y el ascenso obrero, terminó con Cristina.

La mayoría de los trabajadores y el pueblo votó a una fracción de la derecha opositora, para castigar a la derecha que gobernó el país durante más de una década, incentivando la explosión de durísimas internas dentro del kirchnerismo.

La derrota electoral del kirchnerismo es el producto –distorsionado- del ascenso de las luchas proletarias, pero también sucedió porque un sector de la burguesía rompió con los K y empujó la construcción de otro tipo de gobierno. 

Esta fracción patronal -que defiende el mismo “modelo semicolonial”- desplazó a los representantes de los sectores burgueses que conducían el aparato estatal, imponiendo a sus propios representantes en los ministerios, secretarías y demás áreas de la nueva gestión encabezada por Macri.

El nuevo ministro de Hacienda, Prat Gay, representa a la Banca Morgan y otras entidades financieras internacionales; el de Energía, Aranguren, a la Shell, de la cual fue su jefe máximo. El Rabino Bergman es un agente de la facción sionista que gobierna Israel.

Como ministro de Agricultura, el ex presidente de Confederaciones Rurales, Ricardo Buryaile, representa a ese sector agropecuario; la nueva ministra de relaciones internaciones, Susana Malcorra, viene de Telecom y el jefe del área de transporte tiene relación con las contratistas que se beneficiaron con la construcción del Metrobus y otros emprendimientos.

El ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao, que continuará en el cargo que tuvo durante con Néstor y Cristina, representa un hilo de continuidad, porque seguirá defendiendo los intereses de algunos de los monopolios que sostenían a los K, como la proveedora de agrotóxicos Monsanto.

Realineamientos burgueses y burocráticos

Habrá que investigar más a fondo estos reacomodamientos para entender y prever las próximas confrontaciones entre los dueños del poder, que seguramente tendrán sus repercusiones en las filas de la burocracia, que como representante de la burguesía en el movimiento obrero se reubicará detrás de sus respectivos patrones.

Un ejemplo de este movimiento lo constituye el “Momo” Benegas, que se integró al macrismo. Los dirigentes sindicales que comanda y organiza en la UATRE actúan como capataces de los patrones representados por Confederaciones Rurales y otras entidades agropecuarias.

También habrá que estudiar los movimientos de Moyano, que según algunos periodistas estuvo cerca de imponer a su gente en el ministerio de Trabajo. La designación de Triaca -hijo de un burócrata proveniente de los Plásticos, un gremio que nunca estuvo cerca del camionero- es un dato contradictorio con esa posibilidad, que sigue abierta.

Primera crisis de Cambiemos

Los roces interburgueses ya tuvieron su expresión dentro del nuevo gobierno con la abrupta ruptura -“por razones personales”- de uno de los artífices de Cambiemos, el radical Eduardo Sáenz, que habría sido propuesto por el grupo Techint para ocupar la jefatura de gabinete.

La familia Macri, que lidera el grupo SOCMA y compite por la adjudicación de obras públicas con el sponsor de Sáenz, habría vetado esa posibilidad. Otra razón puede ser la “peronización” de Macri y Vidal, que se estarían inclinando a concretar pactos con caudillos políticos y sindicales del PJ para garantizar la “gobernabilidad”.

Más allá de esto, el gobierno de Macri y Michetti nació con mucha debilidad, porque tiene a un 50% de la población que le votó en contra y muy pocos votos a favor: ¡La mayoría de los que los eligieron no votaron sus propuestas, sino en “contra Cristina”!

El nuevo gobierno será más endeble que el anterior porque no tendrá el “viento de cola” de los altos precios internacionales de la soja y deberá ajustar rápidamente, lo cual provocará un salto en las luchas del movimiento obrero, que lo enfrentará con dureza.

La falta de autoridad de la burocracia sindical y las fricciones entre los dueños del poder -tanto oficialistas como opositores- ayudarán a que los trabajadores ganen confianza, se radicalicen y asuman rápidamente la posibilidad de derrotar a sus enemigos de clase.

La izquierda tendrá posibilidades de ganar influencia si se ubica a la altura de las circunstancias, levantando un programa que sirva para construir la Huelga General y el Argentinazo que harán falta para acabar con el ajuste y los nuevos ajustadores. 

La lucha de los obreros de Cresta Roja puede convertirse en un jalón que marque el futuro de las próximas confrontaciones. Lo que pase allí será clave en función de las batallas salariales que tendrán lugar a partir de la apertura de discusiones paritarias del mes de marzo, como la de los docentes.

Los luchadores tenemos que ayudar a construir un escenario favorable para el desarrollo de estos conflictos, concentrando nuestros esfuerzos y militancia en la tarea de garantizar la solidaridad con los obreros de Cresta Roja, asumiendo que ¡Si ellos ganan ganarán todos los que luchan!


No hay comentarios: