lunes, 23 de noviembre de 2015

Cayó el kirchnerismo y asumirá un gobierno más débil para aplicar el ajuste y enfrentar las luchas

Millones de trabajadores y sectores del pueblo pobre utilizaron el “voto castigo”, votando a la lista de Macri para terminar su experiencia con el gobierno de Cristina y compañía. 

Este tipo de opción ya había tenido una de sus expresiones más importantes en octubre, cuando uno de los candidatos más recalcitrantes del kirchnerismo, Aníbal Fernández, perdía la gobernación frente a la ignota candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal.

Por esto, repetimos lo que dijimos en ese momento: “Buena parte de las masas optó por una lista de la derecha opositora para castigar a la derecha que gobierna… lo que no significa ningún giro a la derecha del movimiento de masas.”

Los últimos acontecimientos, que no solo incluyen este resultado electoral, sino las grandes luchas y huelgas generales que tuvieron lugar entre 2014 y 2015, han debilitado al régimen democrático burgués que impera en la Argentina desde la caída de la dictadura.

El hecho fundamental que atestigua este razonamiento es el derrumbe estrepitoso del gobierno, que demagogia y concesiones mediante, garantizó la entrega más escandalosa de la historia argentina a las grandes corporaciones internacionales.

Los Kirchner les abrieron las puertas de par en par a los monopolios, facilitándoles como nadie el saqueo de nuestras enormes riquezas -megaminería, petróleo, pooles sojeros, etc.- además de ser quienes más pagaron en concepto de deudas.

El supuesto gobierno “nacional y popular” abonó cerca de 145 mil millones de dólares a las grandes entidades financieras internacionales, dejando casi 300 mil millones de deuda y la mayoría de las empresas en manos extranjeras.

¡De las 200 grandes compañías que había a mediados de los 90, apenas 56 pertenecían a capitales imperialistas, mientras que ahora llegan al 60%... en una economía en la cual apenas el 15% corresponde a productos industriales!

El gobierno “progresista” entregó Vaca Muerta a Chevron, negándose a hacer pública la letra chica del acuerdo; permitió la contaminación de las aguas por parte de la Barrick Gold, que como otras megamineras se está llevando las riquezas sin ningún control por parte del estado.

El gobierno de los “derechos humanos” promovió al genocida Milani, reprimió a los obreros en la Panamericana y promulgó la Ley Antiterrorista; permitiendo y encubriendo la desaparición de Julio López y los crímenes contra luchadores, como Mariano Ferreyra, Carlos Fuentealba, los Quom o Ángel Verón.

El nuevo gobierno, tan de derecha como el anterior, tratará de profundizar estas políticas de ajuste, saqueo y represión, pero con una debilidad pasmosa, ya que no cuenta con “viento de cola” económico para hacer concesiones ni con la base de apoyo que tenían Néstor y Cristina.

La ausencia de grandes festejos callejeros y el sentimiento de una buena parte del electorado, que optó por Scioli creyendo que era la mejor alternativa “contra Macri”, demuestran que la clase trabajadora y el pueblo no les dieron ningún “cheque en blanco” a los ganadores.

La continuidad de las luchas de Cresta Roja, Bimbo o los vecinos de Merlo -que mantienen la ocupación de sus tierras- también ponen de manifiesto que los/as de abajo no están dispuesto/as a desmovilizarse ni a darle ningún tiempo de “prueba” a la nueva gestión.

El gobierno de Macri se parecerá más al de la Alianza que al del PRO de Ciudad de Buenos Aires, porque a pesar de haber despertado cierta simpatía popular, tuvo que enfrentarse rápidamente con la furia del movimiento de masas, que se lo llevó puesto con el Argentinazo.

Las fuerzas del FIT tienen que ponerse al frente de la resistencia, impulsando las luchas por aumentos reales, contra el impuesto a las ganancias salariales, la defensa de los puestos de trabajo, el 82% para los jubilados y todas las conquistas que negó y aplastó el gobierno “nacional y popular” de Cristina.

La izquierda consecuente tendrá el desafío de organizar a los mejores luchadores y luchadoras, evitando que sean ganados por la seudo izquierda kirchnerista, que ubicándose como “oposición” a Macri, tratará de atar a la vanguardia al carro de la decadente oposición patronal, encarnada por Cristina, Scioli, La Cámpora y compañía.

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