viernes, 18 de septiembre de 2015

Unirse y coordinar por abajo para enfrentar a los continuadores del ajuste...

El crecimiento económico de Argentina entre 2002 y 2011 fue el más grande de la historia, tanto que si entre 1990 y 2001 el producto bruto por cabeza -a precios corrientes- aumentó el 66%, entre 2002 y 2011 creció la friolera del 347%.

Esto no tuvo que ver con los aciertos de tal o cual economista, sino por la conjunción de factores originados en otras regiones del mundo, como la compra de materias primas por parte de China, el crecimiento de Brasil y las tasas negativas de interés.

A todo esto habría que agregarle algunas circunstancias internas, como el gran avance tecnológico que se desarrolló en la producción de commodities -principalmente de la soja- que permitió elevar considerablemente su productividad.

La industria agropecuaria terminó siendo de alta complejidad, con maquinarias sofisticadas, drones y semillas genéticamente modificadas; por eso la productividad en la zona núcleo es igual o superior a la de EEUU, cuando 15 años atrás estaba un 20 ó 30% atrás.


A pesar de estos avances, que no ayudaron a industrializar al país, la desaceleración china y la crisis brasilera frenaron el “viento de cola”, sumergiendo a la Argentina en un proceso crítico similar al de las otras economías sudamericanas productoras de commodities.  

El probable aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal yanqui transformará la situación en calamitosa. Todos los pronósticos apuntan hacia allí, razón por la cual los futuros ministros de economía se preparan para ajustar en consecuencia.

En ese sentido estos seguirán el camino del presidente “nacional y popular” del Ecuador Correa, quien debido a la baja de los precios del petróleo acaba de lanzar un duro plan de ajuste y de someter a su país a una auditoría del Fondo Monetario Internacional.

Cristina está tratando de evitar esta situación, tirando hasta el final del mandato para que las políticas más antipopulares las tengan que aplicar los funcionarios del próximo gobierno, sea este de su palo o pertenezca a la oposición.

Hasta los economistas de Scioli admiten que si en diciembre llegan al gobierno, deberán dejar de lado la demagogia kirchernista y dedicarse a saldar la deuda con los fondos buitres, devaluar la moneda, reducir los gastos sociales y liberar las exportaciones de granos.

La política “expansiva” que viene aplicando Cristina con el propósito de no pagar los costos más duros de la crisis, ha dejado al país con apenas 11.000 millones de dólares de reservas y una inflación altísima que supera el 25%.

Esta situación no podrá revertirse fácilmente, ni siquiera con la entrega a precio vil de varios yacimientos similares a Vaca Muerta, ya que ningún monopolio quiere invertir para la producción, debido al encarecimiento de los costos.

El gobierno y el ajustazo que se vienen

Cualquiera de los presidentes que asuman luego de octubre intentará poner la “casa en regla”, disminuyendo el poder adquisitivo de los salarios, destruyendo empleos, profundizando el saqueo de los recursos y poniéndole al país una bandera de remate.  

Este ataque en regla será respondido con fiereza por el movimiento obrero, que como lo ha demostrado está dispuesto a pelear en serio. Po esto no es casualidad que todos los “presidenciables” hayan privilegiado relacionarse con la “dirigencia sindical peronista”.

Los burócratas no les traerán un solo voto, ya que nadie está tan desprestigiado como ellos. ¡Estos personajes siniestros les resultarán útiles a los empresarios y al gobierno para traicionar las luchas obreras, de manera que pasen los peores planes económicos y sociales!

Sin embargo los trabajadores contarán con la ventaja de que vienen acostumbrándose a pasar por encima de los “cuerpos orgánicos” de esta mafia, discutiendo y decidiendo todo en asambleas democráticas, como sucedió en el gremio de los aceiteros, en Cresta Roja y la 60.

Nos encaminamos hacia un proceso electoral en el que habrá que apuntalar las candidaturas del FIT, jugándonos a conquistar más votos que en las PASO para obtener nuevas bancas al servicio de las luchas y los luchadores.

En ese sentido, la militancia revolucionaria deberá aprovechar la campaña para organizar junto dentro de la izquierda a los mejores activistas obreros, preparándolos para enfrentar estos duros golpes que se avecinan con las mejores políticas.


Para derrotar a los continuadores del ajuste serán necesario nuevas huelgas generales y planes de lucha, que serán poderosas si se organizan desde las asambleas democráticas de las bases, las coordinadoras entre los distintos sectores y los piquetes de autodefensa. 

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