martes, 25 de agosto de 2015

Luego de las elecciones: más crisis y confrontaciones

Más allá de la enorme cantidad de recursos volcados para la propaganda de los candidatos patronales, el deterioro de la economía continúa minando las expectativas de cualquier cambio favorable a través de las elecciones.

Es que mientras millones concurrían a votar y otros sufrían las inundaciones, el gobierno autorizaba el séptimo aumento de nafta del año y preparaba el que se viene en las prepagas y los medicamentos.

Estos golpes al bolsillo, sumados a las suspensiones y “despidos hormiga” -que según el INDEC eliminaron 10.400 puestos de trabajo en el primer trimestre- y la debacle de las economías regionales, continuarán provocando el estallido de conflictos.

Por esto, cuando alertábamos que íbamos hacia unas elecciones cruzadas por la profundización de la crisis y el ascenso obrero, no descartábamos la explosión de luchas superiores a las que se habían producido en los últimos años.

Esto se corroboró, ya que por un lado avanzó la crisis entre los de arriba y por el otro se produjeron tres huelgas que marcarán el rumbo de las próximas: los triunfazos de los aceiteros, Cresta Roja y la 60.

Adelantándose al ajuste con debilidad en las alturas del poder

La caída de la bolsa China y la devaluación brasilera golpearon la economía, porque son dos de los mercados más importantes de Argentina para exportar sus principales productos.

Esta situación, que empujó otro ascenso del dólar, está obligando a las patronales y al gobierno a adelantar medidas de ajuste que pretendían implementar después de octubre.

El fin del “viento de cola” económico se combina con el debilitamiento de los partidarios del ajuste. Tanto el oficialismo como los partidos patronales opositores no pudieron cosechar mucho apoyo, ni en las elecciones provinciales ni en las PASO. 

En esta última participó apenas el 69 % del padrón, absteniéndose casi 12 millones de personas, cuando en las primarias del 2011 concurrió el 81%. En ese marco, el FPV de Cristina perdió dos millones de votos y no ganó en ninguna de las provincias más importantes, salvo Buenos Aires.

El PRO de Macri, que se preparaba para “arrasar”, perdió Buenos Aires y Santa Fe y estuvo al borde de una derrota humillante en Ciudad de Buenos Aires. ¡Ni que hablar de Massa, que cayó en desgracia!

Gane quien gane en Octubre el próximo presidente asumirá será un gobierno débil e inestable, cruzado por infinidad de peleas internas que lo limitarán mucho más.

La participación en las negociaciones de los conflictos de Cresta Roja y la 60 por parte del ministro Alejandro Granados, fue una manifestación de los roces dentro del oficialismo, ya que este apoyó a la lista de Julián Domínguez, enfrentándose -“narco escándalo” mediante- con Aníbal Fernández.

De esa manera Granados desautorizó al que terminó ganando la interna peronista para gobernador, quien desde el principio tuvo una línea dura contra los trabajadores de Cresta Roja y Monsa.

Esta sumatoria de hechos determinó además la buena elección del FIT y el triunfo “no esperado” de la lista encabezada por Nicolás Del Caño y Myriam Bregman.

Cresta Roja y la 60 marcan el rumbo

Estas dos huelgas tendrán una gran influencia en los conflictos que explotarán de acá en más, ya que el activismo tomará sus enseñanzas más avanzadas para llevarlos al triunfo.

La primera tiene que ver con que estas luchas triunfaron debido a que no se siguió el camino de las que fueron derrotadas meses atrás en la zona norte del Gran Buenos Aires -Gestamp, Paty, Lear y otros- cuya característica fundamental fue el despegue de la vanguardia del conjunto de la base y la sustitución esta por parte de los aparatos partidarios.

La comisión de la 60 y el activismo de Cresta Roja se pusieron al frente de durísimos conflictos sin cortarse solos, garantizando como una “cuestión de estado” la unidad de la base, mediante asambleas.

Con ese terreno conquistado tuvieron la paciencia necesaria para ganar a la mayoría para que tome en sus manos las medidas más duras, como los cortes, los piquetes, el fondo de huelga y otros métodos tradicionales.

Otro hecho que se destacó han sido los elementos de coordinación que se desarrollaron entre ambas luchas, como así también la solidaridad de la izquierda, que esta vez no participó pasando por encima de las bases, sino acompañando sus reclamos.

Con todo el respeto que les tenemos a los compañeros que estuvieron al frente de las protestas perdidas que hemos mencionado, estamos convencidos de que el avance de Cresta Roja y la 60 tuvo que ver con que organizaron verdaderas asambleas. ¡Todo lo contrario a las reuniones de activistas y militantes que primaron durante los conflictos de la “Panamericana”!

La politización de las luchas será fundamental

Otra característica de estas confrontaciones fue que rápidamente se puso en la mira de la movilización a los gobiernos, tanto el de Cristina y Scioli como el de la intendencia de Ezeiza.

La perspectiva de radicalización de los próximos combates obreros plantea la necesidad de que el activismo asuma que las asambleas masivas y la coordinación por abajo son las mejores herramientas para concretar la férrea unidad que hace falta para ganar.

Las asambleas son el mejor lugar para plantear los debates y “politizar” los conflictos, mostrándole a las bases que no habrá manera de avanzar sin pelear en serio contra el ajuste y los ajustadores de turno.

Solo las organizaciones de izquierda que tengan en claro estas conclusiones podrán colaborar en la construcción de la nueva dirección que reclaman las circunstancias, que se combinará con la de meterle presión a la burocracia para que convoque a los próximos Paros Nacionales.

El Paro Activo y el Plan de Lucha por las reivindicaciones más elementales no pueden tener otro objetivo que el de acabar con el ajuste y los ajustadores de turno, única manera de imponer una salida que beneficie a los trabajadores y al pueblo.



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