viernes, 28 de noviembre de 2014

La unificación de las luchas continúa siendo fundamental

El Frente Para la Victoria, cuyos dirigentes gobiernan el país, está cruzado por una gran crisis, que se expresa en la ausencia de un candidato o candidata con autoridad suficiente como para reemplazar a Cristina en las próximas elecciones.

Tan falto de reemplazos que nadie se animó a poner en sillón presidencial al vicepresidente durante los días que duró la convalecencia de la presidenta. Es que Amado Boudou está prácticamente liquidado y fuera de la política real debido al tendal de acusaciones que pesan sobre él.

La crisis del Kirchnerismo tiene su correlato en el proceso de fragmentación que cruza a la mayoría de los partidos patronales de la oposición, ninguno de los cuales ha sido capaz de posicionar a alguno de sus candidatos por encima de la figura de Cristina.

¡La ruptura escandalosa de Lilita Carrió con Binner, los radicales y Pino Solanas es una manifestación concreta de esta situación! En ese contexto la clase trabajadora no baja la guardia y continúa peleando, como lo demostraron los masivos paros de los bancarios y docentes.

La bronca producida por la pérdida del poder adquisitivo salarial obligó a los burócratas de varios gremios -petroleros, colectiveros, estatales, etc.- a amenazar con medidas de lucha si el gobierno y las patronales no otorgan bonos de fin de año o aumentos de emergencia.

Sin embargo, a pesar de la crisis de los de arriba, el debilitamiento creciente del régimen y la combatividad obrera los próximos conflictos se desarrollarán en un contexto menos favorable para su unificación, ya que las cúpulas se han puesto de acuerdo en  no convocar al Paro Nacional para evitar los “estallidos” de fin de año.

Por un tiempo se alejó la posibilidad de una nueva Huelga General -quizá hasta las paritarias de marzo/abril- debido a la existencia de un frente político y sindical que tiene su principal objetivo en desviar y canalizar la conflictividad social hacia el proceso electoral de 2015.

Esta alianza, que podríamos denominar “todos a las urnas” -fogoneada por el Papa e integrada por el oficialismo, la oposición patronal y la burocracia sindical- logró una victoria táctica imponiendo un breve impasse, el cual le ha dado cierto aire al gobierno y al régimen.

Esta política, que cuenta con el beneplácito del imperialismo, ha incluido -objetivamente- a las organizaciones más importantes de la izquierda, cuyos dirigentes están más preocupados en lanzar candidaturas y proponer proyectos parlamentarios, que en impulsar los conflictos y la huelga general.

Gracias a esta coyuntura el gobierno pudo detener, momentáneamente, el ascenso del dólar y pegarle algunos golpes a la vanguardia obrera industrial más radicalizada de la zona norte del Gran Buenos Aires y de otras regiones del país, principalmente Córdoba y Gran Rosario.

El gobierno no ha hecho otra cosa que postergar las grandes confrontaciones obreras mediante la emisión de bonos y otras manganetas financieras. ¡Como van las cosas estas grandes luchas podrían explotarle en medio de la campaña electoral, lo cual llevaría a una politización extrema de los conflictos y el activismo!

Este marco de relativo y efímero fortalecimiento del gobierno, las patronales y la burocracia obligará al activismo a tener ciertos recaudos tácticos a la hora de encarar la organización y el impulso de los conflictos parciales.

Sin embargo, los luchadores no pueden olvidarse de que la gran necesidad de la clase trabajadora pasa por darle continuidad a las últimas medidas de lucha nacionales, mediante la exigencia e imposición -desde las bases- de un nuevo Paro Nacional y un Plan de Lucha contra el gobierno y el Plan de Ajuste.  

Este Plan de Lucha tiene que tener un carácter político, porque no alcanza con ponerle frenos al gobierno: ¡Hay que echarlo y conquistar una salida democrática, la Asamblea Constituyente, mediante la cual los trabajadores y el pueblo decidan qué “modelo” de país hace falta para superar la hecatombe terminal del capitalismo, que de mantenerse nos llevará a la ruina!

Esa salida, prevista por la constitución, significa transformar al país en una gran asamblea dentro de la cual el pueblo debate y resuelve cuales son las políticas generales que deberán aplicar los gobernantes de aquí en más.

Allí los socialistas propondremos la ruptura total con los monopolios internacionales y las oligarcas nacionales y la construcción de una Argentina Socialista, gobernada por los únicos interesados en realizar los cambios de fondo que se requieren para superar la crisis: los trabajadores y el pueblo. 

Paro nacional por aumento de emergencia y reapertura de las paritarias

Los dirigentes sindicales de varios gremios -muchos de ellos oficialistas- han salido a reclamar un bono de fin de año que “compense” la pérdida del poder adquisitivo debido al impuesto inflacionario que aplican Cristina y los suyos.

A pesar de que en algunas provincias sus gobernadores accedieron al pedido, desde el gobierno nacional han salido a decir que no habrá ningún tipo de compensación salarial, ya que los “salarios han superado a la inflación”.

Para conseguir el bono o un aumento de emergencia para todos los trabajadores y jubilados será necesario pelear en serio, organizando un Paro General y un Plan de Lucha, que también reclame la derogación del impuesto a las ganancias para los salarios y la defensa de los puestos de trabajo.

No podemos esperar de brazos cruzados que la inflación y la desocupación nos liquiden, tenemos que hacer asambleas y exigirles a los gremialistas que convoquen inmediatamente al paro. ¡Si no lo hacen habrá que pasarlos por encima por vendidos! 


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