lunes, 6 de enero de 2014

El Papa y la burocracia... un pacto contra las luchas y los luchadores



El Papa y la burocracia sindical contra las luchas obreras

"Imagínese, la estatua de cera de Juan Pablo II se derritió", confesó el director del museo…tanto las manos como la cabeza de Francisco fueron fabricadas con una mezcla de silicona y cera, similar a la que emplean los dentistas, mientras que el cuerpo fue fabricado con madera y resina.” (Museo de Cera de Roma)

El texto parece una metáfora sobre la situación de la Iglesia. Antes de la insólita decisión de Ratzinger de renunciar, su poderío se derretía al compás de los juicios contra curas pedófilos, acusaciones de lavado de dinero narco, quiebre de sus bancos, avance de las iglesias evangélicas… ¡Todo en un contexto de masas insurgentes en distintos lugares del mundo!

Había que levantar a la Iglesia de Pedro, porque “las piedras” en las que se basó durante añares, tambaleaban. Había que reemplazar al Papa conservador por otro de perfil diferente. Y había uno que viajaba en subte en la lejana Buenos Aires, que iba a las villas, que para el “zurdaje” había sido cómplice de la dictadura, pero que tenía fama de humilde. ¿Acaso la Iglesia no eligió un pesebre como símbolo de la pobreza de Jesús? Ese hombre eligió el nombre del pobrecito de Asís, Francisco.

Esta versión fiel a las necesidades de la Iglesia y de los poderosos siempre da señales. Sin lujosos zapatos rojos, ni oros y oropeles, dedicándose a cenar con pobres. Hasta se disfraza para recorrer las calles de Roma y reta a los sacerdotes recalcitrantes. Este Papa, que crea comisiones aquí y allá, le está lavando la cara a la Iglesia, así como ud. compañero, compañera, le pasa una blanqueadita a su casa.

Esta sociedad, que vive una de las peores crisis capitalistas, mientras agoniza produce líderes, que el viejo y conocido “culto a la personalidad” moldea de distinto modo. Por ejemplo, las revistas Times y Advocate (que defiende a los homosexuales) lo han nombrado “figura del año.” y otras dicen que es el hombre mejor vestido. Millones de objetos llevan su imagen, florecen las canciones como la de Palito, “La luz de Francisco.

Bergoglio, sin embargo, aunque aparezca en muchas fotitos con enfermos y chicos con capacidades diferentes, sigue rodeándose de los notables del mundo, como otrora lo ha hecho siempre la Iglesia; codeándose con los poderosos, sean estos nobles, empresarios, políticos, funcionarios o burócratas sindicales.

En ese sentido, este año se ha reunido con gremialistas a nivel individual, como Pignanelli del SMATA, quien contó que el Papa le había recomendado " ir hacia la unidad del movimiento obrero". También con Pablo Moyano, cuyo comentario más sustancioso fue: “El Papa es camionero y peronista”.

En forma institucional se juntó con los burócratas de la CGT oficialista, a quienes invitó a seguir cuidando “el olivo”, en alusión al plantado en la Plaza de mayo en el 2000 para comprometerse con la cultura del “encuentro y de  la paz”. A ellos también les dijo que era necesario “recuperar la unidad sindical en todo el país.”

Y en un momento caracterizado por el saqueo más vil de los recursos naturales por parte de Cristina y sus gobernadores, recibió al dirigente de la Asociación Obrera Minera Argentina -Héctor Laplace- quien manifestó su apoyo al Papa respecto de su convocatoria al diálogo y a la unidad.

¡Obviamente que este agente de las empresas mineras, como la Barrick, no hablaba de una alianza con los que luchan contra el extractivismo que contamina y destruye el hábitat de millones!

Todos los sindicalistas que fueron a chuparle las medias al Santo Padre fueron, en realidad, a sellar un pacto siniestro: el de frenar las luchas para facilitar un ajuste mayor en la Argentina. Un pacto que implica ser “razonables” en las negociaciones paritarias, tal como Cristina y los gobernadores les exigen. ¡Para eso están ellos!

Nos es casualidad que algunos de estos traidores consuetudinarios hayan aprovechado sus viajes al Vaticano para visitar la OIT, el organismo mundial tripartito de “consenso” entre empresarios, burócratas y gobernantes -allí también fue Micheli - o hablaran con empresarios italianos e ingleses, proponiéndoles la radicación de industrias de litio.

El Papa, como gran dirigente político/espiritual, hace bien los deberes -ordenados por sus maestros, los grandes empresarios- aunque se llene la boca hablando de los pobres,  para hacer un discurso más creíble. Por eso dijo que el movimiento obrero debería unirse… detrás de la burocracia sindical.

Los revolucionarios, que combatimos a la Iglesia y a su Papa, decimos que la clase obrera debe unirse, también, pero para destruir a los burócratas y poder enfrentar mejor a los gobiernos y los planes de ajuste y saqueo que aplican.

En ese camino de confrontaciones decisivas, muchas instituciones de la clase dominante -como la Iglesia- saltarán por los aires. ¡No habrá  siliconas, ceras resistentes, resinas ni maderas que aguanten la irrupción de la clase obrera dirigida por quienes no queremos verla arrodillada!

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