domingo, 13 de octubre de 2013

Pelear como en Neuquén... votar como en Salta / Editorial del periódico del CCUR número 2

Cristina se enfermó a pocos días de las elecciones, cuando todo indica que vamos hacia otra derrota del gobierno que preside. El diagnóstico -coágulo cerebral- causó estupor, debido a su fragilidad física, pero también por la debilidad del régimen, que debe instalar como su reemplazante a un ladrón de la calaña de Amado Boudou, procesado por enriquecimiento ilícito.  

Si se tienen en cuenta los antecedentes del manejo irresponsable de la salud de Néstor Kirchner y de la propia presidenta, no debería descartarse -a dos años de la sucesión presidencial- la posibilidad de un “permiso prolongado por enfermedad”. Si esto sucediera abriría las puertas de una fenomenal crisis institucional.

Sin embargo, con o sin Cristina, esta perspectiva continúa acelerándose por los problemas políticos, económicos y sociales que jaquean al gobierno, que la crisis económica mundial y la debacle del imperialismo yanky potencian.

El cierre del 80% de las instituciones federales de los EE.UU. por falta de recursos para afrontar su funcionamiento, está dejando cientos de miles de empleados al borde de la cesantía y un rápido incremento de la bronca popular contra los funcionarios de todo pelaje del congreso norteamericano.

Por todo esto, cuando el gobierno se disponía a “hacer la plancha” entre las PASO y las legislativas de octubre, la realidad nacional e internacional, agravada por la operación cerebral de la primer mandataria, le acaba de dar un planchazo tremendo. 

Con la Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y Equidad Electoral de 2009 (PASO), el gobierno soñaba con un universo electoral de dos o tres partidos nacionales, incapaces de enfrentar su poderío. También creyó borrar del mapa a la izquierda del 2%, evitando cualquier posibilidad de instalación de una alternativa socialista.

Pero el logro más significativo de la mentada Década Ganada fue otro: haber dejado en el rincón de los recuerdos al relato izquierdizante para asumir, cada vez más, los objetivos de la derecha tradicional, defendiendo como nunca el saqueo de los recursos, el brutal endeudamiento externo, la represión y el espionaje contra las luchas y los luchadores.

Este espacio por izquierda que abandonó el oficialismo comenzó a ser ocupado por la izquierda más “roja”. La elección del FIT no hace más que expresar el distanciamiento del gobierno con las bases que decía representar y el avance de las luchas obreras y populares, contra las políticas reaccionarias de Cristina y los suyos.

En este escenario no es extraño que el régimen de conjunto -oficialistas y opositores patronales- haya decidido invertir como nunca en la reorganización del aparato represivo, cumpliendo con el sueño de la vieja derecha, enviando cientos de gendarmes, prefectos, policías y patotas a los barrios y las fábricas. ¡Solo en Buenos Aires pretenden desplegar más de 100.000 efectivos!

No es casual que, días antes de su internación, Cristina haya ordenado el despliegue del ejército para desalojar terrenos ocupados en Río Gallegos… un hecho sin precedentes desde que se derrotó a la dictadura militar.

No obstante, este fenomenal despliegue no logró frenar las huelgas y demás conflictos, que se vienen intensificando y endureciendo. El paro activo de 48 horas de los docentes y estatales de Neuquén contra Chevron es, en ese sentido, el escalón más avanzado de este proceso de radicalización.

Allí, la mayoría de la población adhirió, activa o pasivamente al reclamo, mientras que una masiva y combativa vanguardia juvenil, se defendió heroicamente durante 7 horas del ataque de la policía del gobernador Sapag, haciéndola retroceder. ¡Un ejemplo de lo que hay que hacer para pelear a fondo contra las patronales y el gobierno!

Por esto, desde el CCUR propusimos una tarea sencilla, la de ¡pelear como en Neuquén!, consigna que combinamos con llamar a votar al Frente de Izquierda, para que la crisis la paguen los que la provocaron, los capitalistas y se imponga una salida obrera y socialista. 

Votar al Frente de Izquierda plantea la posibilidad de lograr, por primera vez en la historia del país, que los socialistas revolucionarios aparezcan como una alternativa frente a todas las variantes patronales, sean estas del gobierno o sean de la oposición. O sea, un gran avance en la conciencia de millones de obreros y sectores populares.

Esto que estamos proponiendo dejó de ser una utopía, como lo demostraron los resultados de las elecciones salteñas de hace unos días, donde el candidato de la izquierda, que es del Partido Obrero, obtuvo el 22% de los votos en la capital de Salta, ubicándose a escasos dos puntos del principal candidato del gobernador kirchnerista.


Pelear como en Neuquén y votar como en Salta son dos consignas concretas y posibles de llevar a la práctica…¡Manos a la obra!

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