jueves, 19 de septiembre de 2013

El gobierno, cada vez más a la derecha... hagamos del FIT una alternativa política y sindical

Cada vez más a la derecha y contra el pueblo…

Tras la derrota oficialista en las PASO el gobierno se quitó de encima el último jirón de ropaje izquierdista con el que supo adormecer a buena parte de las organizaciones obreras y populares, al mismo tiempo que profundizaba la entrega de las riquezas y recursos a los bancos y las multinacionales imperialistas.

A esta altura, el kirchnerismo tomó nota de que ya no engaña a nadie con el doble discurso. Por eso prefiere aplicar las políticas más entreguistas sin ningún filtro, como el acuerdo YPF-Chevron, la baja de imputabilidad a menores o el pago a los fondos buitres. Estos son algunos de los ejemplos de cómo Cristina se está acomodando rápidamente a la nueva situación… Si ya no sirven las mentiras, mejor sacarse la careta y “¡a los bifes!”, habrá pensado.

Durante años Verbitsky, Hebe o el “Carta Abierta” Ricardo Foster castigaron discursivamente a las organizaciones de izquierda que denunciábamos los atropellos y el saqueo kirchnerista. Cada una de nuestras acusaciones eran consideradas funcionales a una supuesta derecha que, agazapada, tejía las redes de un futuro golpe, que beneficiaría a las corporaciones. Una mentira destinada a confundir a los luchadores que no se tragaban del todo el verso kirchnerista.

Sin embargo las corporaciones no necesitaron de ningún golpe, ya que el propio kirchnerismo les garantizó una década de ganancias inmensas, superiores a las que obtuvieron con Menem.

La derrota electoral dio por finalizada la época de las “palomas”, ahora son los “halcones” los que ganan protagonismo: Con Insaurralde proponiendo la baja de la imputabilidad a los menores como eje de campaña, hasta las apariciones mediáticas de Berni y Granados prometiendo mano dura y tirando tiros a diestra y siniestra.

¡Que sorpresa se habrán llevado los pocos kirchneristas que aún piensan que, junto a Cristina, defendían los derechos humanos! Los candidatos de la oposición patronal, en declaraciones públicas, sostuvieron que en realidad se tratarían de cambios cosméticos con fines electorales, temerosos de que Cristina les robe el discurso. Nada más lejos de la realidad que esa afirmación.

Cristina sabe perfectamente que un plan económico tan impopular y antiobrero, solo podría aplicarse a sangre y fuego, por eso se está armando hasta los dientes, dotándose de instrumentos legales para encarcelar a los luchadores, como la Ley Antiterrorista, poniendo al frente del ejército al espía y asesino Milani y llenando de gendarmes las barriadas.

Por suerte, hay en nuestro país miles de luchadores y luchadoras que nunca cayeron en el engaño y vienen impulsando las principales movilizaciones y conflictos que conmovieron al país. Desde la lucha del pueblo de Famatina, hasta la huelga provincial neuquina contra Chevron, pasando por la huelga general del 20N del año pasado y la resistencia de las comunidades originarias.

Los obreros y el pueblo están construyeron una resistencia que gana en fuerza y radicalización, una señal de que ahora los oprimidos y los explotados de nuestro país están caminando hacia la izquierda. Así lo expresa, de manera contundente, el resultado de las últimas elecciones y las actuales encuestas, que sitúan al Frente de Izquierda en una ubicación preponderante.

Por esa razón los luchadores consecuentes, además de apoyar todas las luchas y convocar a pelear como en Neuquén -con huelgas activas y piquetes- deben ponerle el hombro a la campaña del FIT, jugándose a que coseche la mayor cantidad de votos en las próximas elecciones de Octubre. Si eso sucede, los trabajadores y el pueblo comenzarán a contar con una alternativa política propia de peso.

Por otra parte, los dirigentes de los partidos más importantes del Frente de Izquierda, el PO, PTS e Izquierda Socialista, deberían dar otro paso fundamental: transformar al FIT en una herramienta al servicio de sumar y organizar a miles de activistas y decenas de organizaciones, sean o no parte de sus respectivas estructuras partidarias.

Si eso sucede ayudarán a construir la nueva dirección política y sindical que la clase obrera necesita para llevar sus luchas hasta el final, unificándolas en el camino de acabar con el gobierno e imponer la única salida capaz de responder a las necesidades insatisfechas de las masas: el Socialismo, mediante un gobierno obrero y popular, asentado en sus organizaciones democráticas y de lucha.


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