martes, 20 de agosto de 2013

El país está girando hacia la izquierda... hagamos grande al FIT

Al terminar los comicios y a poco de conocer sus primeros resultados, el pueblo argentino pudo confirmar lo que venía sospechando durante 2012. 

La inflación, junto al aumento del desempleo y la corrupción -entre otros males- habían derrumbado la popularidad de Cristina, hundiéndola en aguas pantanosas como las del Riachuelo, el mismo en el que Cabandié, diputado oficialista, juró haber visto peces.

Para las millones de personas que se volcaron a las urnas, el voto fue el instrumento elegido para asestarle un golpe al plan de ajuste, saqueo y represión que viene implementando el kirchnerismo en esta mal llamada “década ganada”. Sin embargo Cristina, lejos de demostrar sensibilidad ante esta expresión de la voluntad popular, continuó con el rumbo anterior.

Por eso, a pocas horas de las elecciones retiró del Central 2 mil millones de dólares para pagarle a varios bancos y citó a empresarios y burócratas sindicales a Santa Cruz, con el propósito de decirles que los cambios en la economía estaban más congelados que el glaciar Perito Moreno. Esta decisión reafirma la estrategia K de seguir exponiendo al país al robo descarado de las multinacionales.

El durísimo ajuste continuará incentivando a los trabajadores y al pueblo a pelear, radicalizando sus métodos y, lo que es aún más peligroso para el régimen imperante, a seguir girando políticamente hacia la izquierda, como lo acaba de expresar el casi un millón de votos para el FIT. El mismo horizonte teñido de rojo que se extiende por el resto de los países del cono sur.

Esta dinámica es la que más temen los verdaderos dueños del país: las petroleras, las megamineras, los pools de siembra y los grandes bancos, que pretenden que el cambio de gobierno suceda en un clima de calma y de “buenos negocios”. La mejor manera, para ellos, de superar la crisis financiera que provocaron y que azota el corazón de las potencias imperialistas.

No obstante, los pueblos de la parte más austral del continente han comenzado a transitar una senda significativa, la de los grandes enfrentamientos con los gobiernos populistas, que continuaron aplicando los mismos planes de recolonización que sus antecesores “neoliberales”. Un ejemplo de esta dinámica lo acaban de dar las masas brasileras, que ganaron las calles por millones, para repudiar al gobierno de Dilma y su “Partido de Trabajadores”.

El combate contra estos agentes “nacionales y populares” de la rapiña imperialista anticipa nuevas y poderosas gestas, similares a las que protagonizaron los patriotas, cuando echaron a los tiros del continente a los ejércitos españoles, portugueses y británicos, que garantizaban políticas de saqueo muy parecidas a las actuales: devastando los suelos mediante el monocultivo o llevándose toneladas de minerales valiosos a sus metrópolis. 

Las Huelgas Generales que tuvieron lugar en Bolivia, Uruguay, Brasil y Argentina marcan un salto de calidad en la lucha por la Independencia definitiva de la región, que solamente se obtendrá si los trabajadores y los pueblos levantan las banderas del Socialismo; algo que de manera incipiente, comenzó a suceder en la Argentina, a partir de la masiva votación al Frente de Izquierda.

La caída en picada de Cristina abrió una crisis en las alturas, razón por la cual la derecha opositora, está preparando un cambio de gobierno para 2015. La gran burguesía, que no tiene ideología sino intereses, sabe que Cristina ya no le está resultando útil para engañar a las masas; por eso están buscando sucesores capaces de continuar la entrega del país.

Sin embargo a los peronistas opositores que se alinearon detrás de Massa, los radicales o los falsos “socialistas” de Binner y compañía no les resultará fácil la tarea de contener las luchas, ya que se acabaron las épocas del crecimiento a tasas chinas y los de abajo se acostumbraron a pelear en serio por sus derechos, como lo demostraron el 20N.

Mucho menos lo podrán hacer si el FIT, dándole cabida al conjunto de las organizaciones y dirigentes combativos, se transforme en algo más que una alianza electoral, o sea una herramienta política capaz de dirigir y unificar el actual ascenso de las masas en la perspectiva de construir la Huelga General o Argentinazo que acabe con el ajuste e imponga una salida obrera y socialista. 

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