lunes, 26 de noviembre de 2012

Después del 20N: Asambleas y coordinadoras para impulsar el Plan de Lucha

Asambleas y coordinadoras para que decidan las bases

El Paro General del 20 de noviembre resultó histórico porque superó ampliamente la capacidad de convocatoria de los gremios que lo organizaron. Millones de trabajadores -que no están encuadrados ni en la CGT de Moyano ni en el CTA de Micheli- tomaron en sus manos esta primera acción unificada contra el gobierno, transformándola en un contundente Paro Activo Nacional.

En ese sentido, la realidad es muy distinta a como la interpretó el dirigente aeronáutico Cirielli, quien durante la conferencia de prensa posterior al paro habló de un “altísimo acatamiento”. La verdad es que cada vez son menos los trabajadores que “acatan” las decisiones de los “cuerpos orgánicos” de la burocracia. ¡La mayoría simplemente aprovechó el llamamiento para no ir a trabajar y repudiar a Cristina!

Gran parte de los trabajadores demostró su bronca autoconvocándose. Algo parecido a lo que hicieron distintos sectores de la clase media durante el 8N (la mayoría también se sumó a la huelga) o lo que vienen de hacer los obreros europeos, empujando a las centrales sindicales a organizar una huelga general continental inédita. Lo mismo pasa en Egipto, el norte del África, Medio Oriente y en el resto del mundo.

Este proceso de rebelión “global”, que puso en sintonía al movimiento obrero argentino con la clase trabajadora del mundo, que está a la ofensiva, asusta a Cristina y demás gobernantes, que ya no cuentan con burócratas poderosos, capaces de contener, desviar y traicionar a las luchas. Por eso, más allá del fortalecimiento coyuntural de Moyano y Micheli, su crisis y debilidad es uno de los puntos claves de la actual situación nacional.

Estos dirigentes están jugando con fuego, ya que para posicionarse políticamente han desatado una dinámica que los puede liquidar. Aunque demoren la convocatoria al paro de 36 horas, con el 20N han abierto una verdadera “caja de Pandora”, estimulando y envalentonando a miles de trabajadores a pelear consecuentemente por sus reivindicaciones parciales.

Las fuerzas de izquierda y antiburocráticas debemos aprovechar esta situación para hacernos fuertes en cada una de las luchas, incentivándolas y organizándolas mediante asambleas, plenarios de delegados y piquetes, reclamando, entre otras cuestiones un aumento de emergencia de $4000.- Una situación más que propicia para construir la dirección alternativa a la burocracia que reclaman las circunstancias.

Este contexto, que se potenciará con los aumentos de tarifas y combustibles, que golpeará duro en los bolsillos del pueblo, ayudará a unificar los conflictos sectoriales -por gremio o por región- a través de coordinadoras y asambleas populares. En la medida en que se desarrollen y multipliquen, estos organismos se transformarán en los mejores espacios para la participación democrática y toma de decisiones de las bases.

Que las bases se hagan cargo del Plan de Lucha

Cristina salió con los tapones de punta a atacar a la huelga y a sus dirigentes, prometiendo la intensificación y profundización del ajuste que le ordenan los verdaderos dueños del país: los monopolios y los bancos imperialistas, que para salir de la crisis necesitan darle una nueva vuelta de tuerca a la explotación obrera y al saqueo de los recursos.

Esto significa que no habrá manera de terminar con el impuesto a las ganancias para los trabajadores, aumentar los sueldos o defender los puestos de trabajo sin derrotar al gobierno con un verdadero Plan de Lucha, que comience con el paro de 36 horas que prometió la mayoría de los dirigentes.   

Para que se sirva debe ser tomado en sus manos por los únicos interesados en concretarlo: las bases obreras. Para votarlo, las asambleas y plenarios de delegados tienen que exigirle a los dirigentes de la CGT y el CTA que convoquen a un Congreso Nacional de Delegados -con mandato- de los sindicatos y todas las organizaciones en lucha.

Ese encuentro nacional debe discutir no solo la continuidad de la pelea, sino también el Programa que se debe levantar. No basta con exigir aumento de salarios o la defensa de los puestos de trabajo y las conquistas. Hay que pelear contra el conjunto de las políticas del gobierno y cambiarlas por otras que beneficien a los trabajadores y al pueblo.

¡La crisis tienen que pagarla los que la provocaron, los monopolios y el conjunto de los capitalistas! Que se deje de pagar la deuda externa y que se inviertan esos fondos en un Plan de Obras para construir escuelas, hospitales, caminos, centrales eléctricas, etc. Que se le apliquen impuestos progresivos a las grandes empresas y se termine con el saqueo de los recursos que está destruyendo al país y a sus habitantes.

Los trabajadores tienen que asumir que para conquistar sus reivindicaciones más elementales hay que acabar con el Plan de Ajuste, Saqueo y Explotación de Cristina e imponer una salida propia.

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