lunes, 13 de agosto de 2012

Cristina le garantiza el saqueo a Monsanto


Hace unos días la presidente anunció con bombos y platillos frente a los representantes del Club de las Américas de Nueva York un plan de  inversiones por parte de la multinacional agrícola Monsanto en la Argentina.

La empresa madre y dueña las semillas transgénicas y del glifosato (el 87 por ciento de las plantaciones transgénicas  de algodón, maíz y soja del mundo usan las semillas y herbicidas de Monsanto) pondrá una planta en Córdoba para fabricar semillas transgénicas de maíz.

Esto puede sonar para los oídos distraídos como contradictorio, ya que este gobierno que promulga y discursea contra los monopolios y la concentración económica, anuncia con inmensa alegría esta noticia, pero la realidad es que los Kirchner le han garantizado el saqueo a los monopolios más que ningún otro gobierno.

Es que con los altos precios de la soja y el maíz, la recaudación producida por las retenciones a la exportación ha generado millones de dólares, transformándose en uno de los pilares económicos de la demagogia de este gobierno, que mientras profundizaba la aplicación del monocultivo, pagó más deuda que nadie y expulsó del campo a miles de pequeños campesinos para garantizar la depredación de los recursos.

Pero Monsanto hace mucho que está en el país y si bien nunca pudo imponer la patente de sus productos, sí logró que una excelente distribución de las mismas, al punto de que sus mercancías estrellas -producidas en el parque industrial de Campana- son los más usados del país. Estas son la semilla de soja RoundUp Ready y el RoundUp, el herbicida hecho de glifosato que mata todo lo que pulula alrededor salvo esas semillas.

Dichas semillas transgénicas son modificadas genéticamente para obtener un producto más rentable. Las plantas que crecen presentan dos particularidades: son las únicas que resisten al glifosato y no producen semillas propias, por lo que para volver a sembrar, los productores tienen -sí o sí- que comprarle las semillas a Monsanto. ¡Lo que se dice un negocio redondo!

También es terrible el impacto ambiental, ya que esta práctica transforma a los mejores campos en desiertos verdes, donde probablemente jamás, o por mucho tiempo, vuelva a crecer algo. El maíz transgénico, por ejemplo, que van a fabricar en Córdoba está prohibido en Francia por contaminante.

La mayoría de los productores conocen los riesgos ambientales. Sin embargo la ganancia es tan grande que siguen usando estos productos, tratando, en lo posible, de no sembrar en sus propios campos, sino -por las dudas- arrendándolos.

En Junio, justamente en la provincia de Córdoba, comenzó el primer juicio oral y público por un caso de envenenamiento por fumigación con glifosato. Siniestra es la historia en un suburbio cordobés -muy expuesto a las fumigaciones- donde ya hay casi 200 casos de cáncer en una población de 5000 habitantes, además de un bebé nacido sin riñones.

En Paraná sucedió otro hecho trágico: tres maestras de una escuela rural, cercana a varios campos fumigados con estos productos, dieron a luz en el mismo año a chicos con TGD (autismo), una situación que estadísticamente es muy improbable.

Estas son apenas muestras de lo que significa la política agropecuaria de Cristina Kirchner, que al igual que con la megamineria, la pesca y el petróleo garantiza el saqueo imperialista de nuestras enormes riquezas a cambio de muy pocos dólares, que para colmo de males no son utilizados para desarrollar el país, sino para seguir pagando la deuda externa.

Para detener la destrucción de nuestro patrimonio natural debemos seguir el ejemplo de los pueblos de Famatina y Andalgaló, como también de aquellos pueblos de Latinoamérica que salieron a enfrentar estas nuevas formas de implantar la recolonización.

No hay comentarios: