jueves, 9 de agosto de 2012

Cristina: honestidad brutal… (Editorial El Trabajador número 29)


La Bolsa de Comercio, ese antro de delincuentes de guantes blancos -abarrotado de funcionarios y militantes de La Cámpora- fue el ámbito elegido por Cristina para festejar una nueva entrega.

El pago de 2300 millones de dólares atrapados en el corralito de 2001 fue presentado como una epopeya de la soberanía nacional. Sin embargo no fue destinado a los ahorristas estafados por los banqueros, sino a engordar las arcas de los mismos bancos extranjeros que se quedaron con los depósitos. Tres de estos forman parte de las corporaciones que se dedican a explotar el petróleo en Malvinas.

Esto lo reconoció la presidenta en el mismo acto de celebración del 158 aniversario de la Bolsa, diciendo que 7,8 dólares de cada 10 que el Estado pagará irán a cuentas del exterior. Esto sucedió con la mayor parte de los pagos que realizó el kirchnerismo en los últimos años, el gobierno que más recursos transfirió a la banca internacional a costa del saqueo de los recursos y del ajuste sobre el pueblo trabajador.

Pero el país cada vez debe más: Hasta el año pasado la deuda pública ascendía a 178.900 millones de dólares -llegando a 220.000 si se toma en cuenta los intereses acumulados con el Club de Paris y otros- cuando antes de la caída de De La Rua el monto era de 147.000 millones.

Lo que ocurrió es que la banda kirchnerista manoteó recursos de los fondos públicos  -Anses, Banco Central, Pami, Banco Nación- para pagar a los acreedores, endeudándose con estos organismos por un monto estimado en 95.000 millones de dólares. ¡La plata de los jubilados y los presupuestos de salud, vivienda y educación fue a parar a las multinacionales!

Por eso, en medio del  clima de jolgorio, la presidenta recordó por enésima vez, que nunca como con ella y Néstor, ganaron tanto los empresarios y los banqueros. No es casualidad que insista en dejar claro que su gobierno es el mejor representante de los intereses imperialistas.

En su apuesta reeleccionaria quiere transmitir que no cambiarán los lineamientos generales de su política favorable a las corporaciones. Por eso no duda en adecuar su discurso con los hechos de la realidad, mostrando, en los hechos, una honestidad brutal. 

Es así que aparece sonriente junto a los mafiosos de la CGT oficialista, los Gordos architraidores como Lezcano y Cavalieri o el agente de la dictadura genocida Gerardo Martínez. Con esto no intenta seducir a una porción del electorado progre, como en las épocas de vacas gordas, sino tranquilizar a los representantes del establishment, apuntalando a burócratas carentes de representatividad, que asientan su poder en el accionar de las patotas.

Cristina les ofrece esto para frenar las luchas obreras. Por eso no es casual que a días del inicio del juicio por el crimen de Mariano Ferreira, haya elogiado a los barra bravas,  tratándolos de hinchas apasionados e inofensivos. Tampoco que haya bromeado con la denuncia contra La Cámpora, que sacó de la cárcel a uno de los asesinos de Mariano –Favale- junto con una caterva de feticidas y violadores.

El reclutamiento de marginales para integrar las filas del gobierno y la patronal o para auxiliar a las fuerzas represivas en los conflictos obreros y populares, será una práctica más que habitual, ya que los márgenes para demorar la quita de subsidios y generalizar los tarifazos al transporte, luz y gas, son cada vez más estrechos.

Cinco provincias, además de Buenos Aires, tuvieron que ser auxiliadas para pagar el aguinaldo. El Frente Amplio Progresista -que gobierna Santa Fe- dice que no tiene plata  para salarios. En la capital, Macri, no quiere hacerse cargo del Subte, porque al igual que el resto los gobernadores no está dispuesto a pagar el costo de ser uno de los verdugos del ajuste.

La incipiente respuesta de la clase obrera y demás sectores populares a principios de año, que culminó con la fenomenal huelga de estatales de la provincia de buenos aires y sigue con el parazo del subte, son apenas un anticipo de una extendida -y radicalizada- oleada de luchas que, vaticinamos, cruzará todo el país.

Una tendencia objetiva de la realidad, que pondrá nuevamente en el tapete la necesidad de unificar los conflictos, mediante la Huelga General, para derrotar el Plan de Ajuste, Saqueo y Represión que aplica Cristina Kirchner.

Los socialistas revolucionarios militamos para impulsar esta perspectiva, pero también para promover la unidad de los luchadores, de manera de ayudar a organizar la dirección política y sindical que necesitan los trabajadores y el pueblo para luchar por una salida de fondo, la salida socialista.  

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