miércoles, 1 de febrero de 2012

Como en Santa Cruz y Famatina... Paremos el Ajuste y el Saqueo Kirchnerista

Durante años, reconocidos luchadores y organizaciones del campo popular sostuvieron que el de los Kirchner era un gobierno en disputa, que si se los presionaba, eran capaces de gobernar a favor del pueblo, contra los intereses de las grandes corporaciones vinculadas a los capitales imperialistas.

Otros no se atrevieron a tanto, y a lo sumo argumentaron que algunas de sus medidas eran progresivas, entre tantas otras que no lo eran. Tanto unos como otros coincidieron en que había que ser cuidadosos con las críticas, ya que debilitar al kirchnerismo favorecería a la derecha. Desde Convergencia Socialista nunca caimos en la trampa de los alcahuetes confesos o vergonzantes.

Siempre tuvimos en claro que los kirchneristas eran una banda de nuevos ricos, que amasaron su fortuna con la usura y la especulación financiera, siempre al servicio de las multinacionales, entre ellas las petroleras. El ropaje progresista de Néstor y Cristina desde el principio estuvo al servicio de confundir al pueblo y sus organizaciones, para poder llevar a fondo la recuperación de los negocios de las multinacionales en nuestro país, y de esa manera recibir las caricias y los millones de los dueños del mundo.

Por eso, a partir de la anunciada eliminación de subsidios a los servicios públicos, el gobierno de Cristina Kirchner empezó a trazar las líneas del ajuste que reclaman las multinacionales para mantener sus márgenes de ganancias y el cobro de la fraudulenta Deuda Externa. Queda claro que para la presidenta multimillonaria y sus laderos enriquecidos con la caja del Estado, la política de saqueo y entrega de las riquezas del país es el único recurso para mantener sus privilegios, en esta época de crisis mundial.

Los de una burguesía cipaya que no le tiembla el pulso a la hora de saquear y envenenar pueblos enteros, con tal de alzarse con las riquezas de la tierra. Una banda de delincuentes capaz de sancionar leyes tan reaccionarias como la antiterrorista, para reprimir y encarcelar a los que se oponen al vil negocio de los depredadores y sus socios, de la Rosada.

Ningún gobierno progresista permitiría que el pueblo pague más por la luz o el gas. Nadie que diga defender los derechos humanos podría permitir semejante saqueo minero, que condena a los pueblos al hambre y la contaminación. No hace falta ser revolucionario para darse cuenta que el aumento en el transporte público afecta ya a los más pobres, los que no tienen auto propio para llevar a sus hijos al médico o al colegio, ir a trabajar o visitar a un amigo.

Esta presidenta, que dice haber trabajado toda su vida y que se burla de las enfermedades laborales, sabe muy bien que imponer techos salariales por debajo de la inflación es condenar a los trabajadores a achicar su consumo. Que está obligando a elegir entre comprar menos leche, pan o carne.

Pero todos estos años, hubo alguien más que no compró los espejitos de colores que venden estos farsantes disfrazados de próceres modernos, alguien que aprovechó todo lo que pudo de este gobierno sin jurarle nunca fidelidad. Ese alguien es nuestra clase obrera, que no está dispuesta a dar un solo paso atrás en el terreno conquistado durante estos últimos años.

Que mejor ejemplo de ello que la pueblada que protagonizaron los santacruceños en Río Gallegos, la cuna del poder kirchnerista, en diciembre del año pasado tras asumir Cristina su segundo mandato. Miles de compañeros y compañeros sitiaron la legislatura provincial, pelearon contra la policía y obligaron a levantar la sesión en que los diputados kirchneristas, junto al gobernador Peralta, trataron de aprobar el congelamiento de salarios y jubilaciones, además de aumentar la edad jubilatoria.

Qué mejor ejemplo que los compañeros y compañeras que se movilizaron en Famatina y lograron frenar, aunque sea momentáneamente la implementación de la minería a cielo abierto, dando un ejemplo magnífico del poder de la movilización obrera y popular. Ese es el camino que hay que seguir, aprovechando que ahora, varios de los ex aliados estratégicos de los Kirchner, como Hugo y Pablo Moyano, se han visto obligados a pelear presionados por las circunstancias.

Los triunfos de la clase obrera y el pueblo, la bronca y la indignación creciente, la “combatividad” de los burócratas sindicales acosados por la crisis y el ascenso obrero, la desilusión de las clases medias menos pudientes… van creando las condiciones para avanzar hacia la concreción de la medida de acción directa que se necesita para torcerle el brazo a los ajustadores, la Huelga General.

Desde cada fábrica, empresa u oficina hay que promover e imponer reuniones y asambleas para votar salir a la lucha por las reivindicaciones más sentidas, como el salario y la defensa de los puestos de trabajo, pero también empezando a marcar la perspectiva de la unificación de todas las luchas en una sola, capaz de acabar definitivamente con este plan de ajuste, saqueo y represión.

Tarea que va de la mano de la construcción de la nueva dirección combativa y democrática que se necesitará para ir aún más allá de esto, imponiendo una salida al servicio de los trabajadores y el pueblo.

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