jueves, 1 de septiembre de 2011

Después de la debacle electoral de Proyecto Sur / El MST debe girar a la izquierda

Las primarias mostraron dos “triunfadores”: el gobierno de Cristina, que ganó las elecciones con muchos votos y el Frente de Izquierda, que pudo superar la proscripción duplicando el piso necesario para participar en Octubre .

Entre los perdedores, además de Carrió, Alfonsín y Duhalde, está el Proyecto Sur de Pino Solanas, una experiencia centroizquierdista que tiene dentro de sus filas a partidos de izquierda, como el MST, que se todavía se reivindica trotskista.

La dirección de este partido relacionó los escasísimos votos obtenidos con la negativa de Pino a ser candidato presidencial y acusó a los medios y al Twitter por haberlos boicoteado, jugando a favor del FIT y Altamira.

Sin embargo al Proyecto Sur le pasó otra cosa: fue descuartizado como Tupac Amaru, tironeado violentamente desde dos lugares opuestos. Por un lado el gobierno (y en menor medida Binner) que ocupó el espacio “progresista” y por el otro el FIT, que se ubicó en la franja izquierda, cosechando la simpatía de sectores importantes de la vanguardia obrera, estudiantil y popular.

Antes de conocerse los resultados desde el MST criticaban el “sectarismo” y las limitaciones de la izquierda trotskista, explicando que había que construir un frente más “amplio”, encabezado por dirigentes pequeñoburgueses y con un programa más diluido. Consecuentemente con esos planteos, jugaron todas sus cartas al Proyecto Sur.

Pero la realidad demostró que hay sumas que restan y que lo que no hay son condiciones para poner en pie, con éxito, un frente “progresista” al margen de los que ya existen: el Frente Para la Victoria y el Frente Amplio Progresista. Ambos están sostenidos por dos poderosos aparatos estatales, el nacional en el caso de Cristina y el de la provincia de Santa Fe en el caso de Binner.

El triunfo de la variante K y el avance “socialista” trituraron a la derecha más clásica y al Proyecto Sur. Pero lo más importante es que fortalecieron a la izquierda trotskista, ubicándola en los hechos como una opción política de peso.

El resultado electoral creó las condiciones -si los dirigentes de los principales partidos de la izquierda las aprovechan- para desarrollar un frente obrero y socialista con influencia de masas, una perspectiva que deberían evaluar los dirigentes del MST, de manera de terminar con su experiencia centroizquierdista.

De no hacerlo, no sólo se equivocarán políticamente, sino que también se liquidarán, ya que la única manera de ser consecuentes con la línea que se habían planteado antes de la elecciones sería derechizándose aún más, yendo detrás de Binner, lo que sería una catástrofe.

Si Vilma Ripoll, Marcelo Parrilli y los compañeros y compañeras más representativos/as del MST hubieran formado parte del FIT, junto a Castillo, Altamira, Montes o Reynoso, habrían aportado una buena cuota de votos, ayudando a que se sumen otros sectores. El Frente de Izquierda sería mucho más amplio y representativo.

Los camaradas del MST aun están a tiempo de sumarse a la campaña electoral del FIT. Sería muy positivo para la izquierda, para la vanguardia y para el movimiento obrero.

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