viernes, 23 de septiembre de 2011

Cristina... siguiendo el camino de Menem

Los millones de votos obtenidos por Cristina en las primarias fueron un baldazo de agua fría para amplios sectores del movimiento obrero, el estudiantado y las barriadas populares, que ya habían roto con el doble discurso kirchnerista. Por eso, muchos compañeros no saben como disimular la bronca, cada vez que se cruzan algún militante de la Cámpora, el Movimiento Evita o el Frente Transversal, regodeándose por el aplastante triunfo electoral.

En ese sentido, muchos nos han preguntado ¿Por qué… si este gobierno es tan corrupto y favorece a las patronales extranjeras y sus amigos nacionales, si roba al pueblo igual que los otros… Por qué lo votan? Les respondemos: que no pierdan la paciencia, que los mismos motivos que llevaron a millones a votarlos, provocarán su caída. Como si una ola inmensa, después de elevar por los cielos a una persona, se desplomara violentamente, para hundirla en el fondo del mar.

Ya pasó con Menem en 1995, cuando arrasó en medio de un festival de corrupción y después de haber privatizado todas las empresas del estado, como YPF, los Ferrocarriles, los teléfonos o Aerolíneas, habiendo impuesto la flexibilización laboral, miles de despidos y el congelamiento salarial. En ese momento lo llamaron el voto cuota, ya que todo el mundo estaba endeudado hasta el cogote y quería que continuara el 1 a 1, para que los créditos no fueran a las nubes.

Con el verso de entrar al primer mundo, Menem consiguió rematar el país de manera tal, que ni los milicos pudieron hacerlo con la punta de sus fusiles. Igual que en esa época, pero ahora detrás del discurso de los falsos derechos humanos y el “modelo” económico, Cristina nos está vendiendo el mismo buzón. Mientras se elogia a sí misma en Tecnópolis, los minerales y el petróleo continúan en manos extranjeras, sin dejar casi nada para el estado, las empresas privatizadas reciben subsidios millonarios y son una sangría para el tesoro nacional.

Millones de hectáreas de tierra fértil están en manos de las multinacionales que amasan fortunas con la soja y estrangulan al resto de los productos agrícolas, tan necesarios para contar con una dieta alimentaria diversa y rica. Los ventisqueros, fuentes invaluables de agua potable, están a merced de los depredadores, gracias a que el gobierno vetó la Ley de Glaciares.

Por año 7 mil argentinos mueren por siniestros viales, culpa de la desinversión en rutas y transportes públicos. Solo 6 de cada 100 alumnos se reciben en la universidad pública, debido al fracaso de la educación primaria y secundaria. Miles de jóvenes y no tanto son víctimas del narcotráfico, que encontró en nuestro país un ambiente ideal para desarrollar sus negocios.

En el supuesto gobierno de los derechos humanos permanecen desaparecidas más de 600 mujeres. Mientras tanto Julio López lleva 5 años sin aparecer y la investigación, que está a cargo de la bonaerense, donde continúan trabajando unos 9000 represores de la dictadura, duerme en el despacho de Scioli, como las causas de la Triple A o las acusaciones contra burócratas de la talla de Gerardo Martínez, que perteneció a los servicios de inteligencia de la dictadura.

Decenas de jóvenes mueren a manos de la federal y las policías provinciales, instituciones corrompidas por el narcotráfico, los dueños de prostíbulos, piratas del asfalto y otras lacras. La justicia, en vez de perseguir a esta gente, se dedica a encarcelar ladrones de gallinas, obreros que hacen piquetes o perejiles puestos para salvarle la cabeza a algún millonario. Mientras tanto, los corruptos como Menem son absueltos y los abusadores como el cura Grassi, los asesinos de gatillo fácil y estafadores, como los hermanos Schoklender, caminan libres por la calle.

Cada vez es más caro estudiar, comer, vestirse, comprar un remedio o ir al cine. A los jubilados les niegan el 82 %, mientras que con su dinero, depositado en el ANSESS, se financian fondos de inversión para engrosar las ganancias de las multinacionales y comprar adeptos, como a las Madres de Hebe de Bonafini, que cambió su rol de defensora de los derechos humanos por el de empresaria negrera.

Ricardo Jaime y Sergio Schoklender, los Alderete y las María Julia de hoy, se dan la gran vida al tiempo que millones de trabajadores permanecen en condiciones precarias, o directamente en negro y sin obra social, ART o jubilación. Otros miles trabajan como becarios, con contratos anuales, en las dependencias del propio estado o dentro de las tercerizadas, explotados por arribistas, sindicalistas y funcionarios, que usan a las patotas para defender sus intereses, como cuando asesinaron a Mariano Ferreira.

Todo esto es lo que se quiere ocultar el gobierno, destinando una ínfima parte de lo producido por la clase obrera en créditos para el consumo. Sin embargo, como lo demostraron los obreros de Fate o los choferes de la 60, que explotaron en huelga, cansados de las agachadas de sus dirigentes, los trabajadores y el pueblo, más temprano que tarde terminan enfrentando los atropellos con el método que conocen, el de las huelgas, los piquetes, las movilizaciones, o sea la lucha.

Este es el camino que transitaron los vecinos de Candela que salieron a las calles para exigir su aparición con vida, los compañeros y amigos de Sonia Colman que no bajaron los brazos e impusieron el encarcelamiento de su asesino -el oficial Benítez- o los bancarios del Central, los marineros del SOMU y un largo etcétera de luchas obreras y populares que continúan, y se intensificarán, a pesar de la fiesta de votos del kirchnerismo.

Los socialistas confiamos en la clase obrera. No porque sea capaz de sacar todas las conclusiones mediante el estudio o el análisis intelectual (de hecho el capitalismo educa y reprime para que esto no suceda), sino porque el proletariado, siempre responde peleando, y de esa manera entenderá -sin que nadie se lo explique- la magnitud del saqueo kirchnerista. ¡No tenemos duda!

Pero lo que también sabemos, es que debemos cumplir con otra obligación: impulsar la construcción de una dirección obrera y popular consecuente, capaz de llevar las luchas hasta el final e imponer una salida favorable para los de abajo. Eso es posible, ya que mientras millones voten por Cristina, esperando que se mantenga el “veranito”, decenas de miles continuarán buscando una respuesta por la izquierda una respuesta, tanto sindical como política.

Las elecciones de octubre son una buena oportunidad para darle a estos luchadores una herramienta para que salgan a disputar la dirección del activismo combativo: la lucha por el voto para el Frente de Izquierda y los Trabajadores, la única opción electoral que enfrentará a los candidatos K proponiendo el único programa capaz de resolver la crisis terminal del capitalismo, el programa socialista.

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